Nuestro único papel en esta obra de la vida, mientras recordamos nuestro origen divino, es elegir la paz, siempre. Cada instante, tenemos la oportunidad de cambiar el momento presente eligiendo de nuevo y decidiéndonos por una opción más amorosa.

Los seres humanos hemos sido programados para vivir en el miedo, pero el miedo no vino con nosotros: lo aprendimos en este mundo, mientras crecíamos. Es por esto que, cuando empezamos a pensar y sentir como niños otra vez, sin ninguna carga emocional adquirida con el tiempo, empezamos a elegir la paz.

Soltar los miedos que aprendimos al crecer

Desde nuestra infancia escuchamos cosas como “ten cuidado”, “es mejor que no vayas”, “no des mucha confianza”, “no me gusta esa persona, parece…”. Estas son creencias que vamos absorbiendo y que, de alguna forma, nos hacen desconfiar, protegernos y vivir a la defensiva todo el tiempo. Poco a poco pensamos que elegir la paz es aislarnos y cuidarnos, creciendo llenos de juicios o ideas erróneas sobre el mundo, la vida y las personas.

Esto no significa que nuestros padres, maestros y familiares hayan hecho algo mal o que su intención fuera alejarnos de la paz, todo lo contrario: debemos comprender que eso fue lo que ellos también aprendieron al crecer.

El amor es natural en nosotros

La naturaleza con la que vinimos al mundo es amor divino, en esencia pura y perfecta. Para eso basta mirar a los niños: son inocentes, viven en estado de contemplación y gozo continuo. Es maravillosa la curiosidad innata y la ausencia de miedo con la que los más pequeños exploran: para ellos no hay pasado, ni historia, ni rencores. Están en total y absoluta tranquilidad con el momento presente. Así es como ellos, por instinto, pueden elegir la paz.

¿Cómo puedo elegir la paz?

Esta es una de las preguntas más frecuentes de mis clientes, y su cara de sorpresa es similar cada vez que respondo “volviendo a ser como niños”. Los adultos deberíamos volver a ser como niños y experimentar la paz de Dios. Cuando Jesús dijo: “Dejad que los niños se acerquen a mí”, seguramente se refería a ese estado de pureza y al corazón limpio con el que todos nacimos, el único lugar espiritual desde donde podemos elegir la paz.

Volver a tener corazón de niño implica mirar la vida de nuevo. Es como cambiar el tipo de lentes que hemos venido usando y dejar de cuestionar, de juzgar y de quejarnos en todo momento. Experimentar la tranquilidad de nuevo: si estás en el tráfico, si tienes problemas en el trabajo, si hay conflicto en tu entorno, simplemente cambia tu percepción. De eso se trata elegir la paz.

Los Ángeles nos ayudan a elegir la paz

Ante cada situación que nos disguste o perturbe, elige de nuevo. Entra en el silencio de tu mente, respira y repite dentro de ti hasta que resuene en todo tu cuerpo: “yo elijo mi paz”. Reconoce que, desde un estado mental de confusión o conflicto, no puedes elegir la paz, y siempre debes acudir a tu divinidad interior y pedir a Dios, los Ángeles o la Mente Divina que corrija tu mente, porque todo se origina en lo que estamos pensando o sintiendo.

Cuando comprendemos que la vida es un espejo que no nos ataca sino que refleja nuestro mundo interior, nos damos cuenta que todo sucede dentro de nosotros mismos, por lo que el cambio comienza a operar paulatinamente. Permite que la divinidad actúe, abre un espacio para perdonar y hacer de esta práctica un estilo de vida, y permítete elegir la paz. Retornar a ese estado es una elección, ¡y comienza por ti!

Bendigo a tu corazón.

 

Katherine Andarcia.

Coach Angelical