Las relaciones son el salón de clases donde estudiamos y practicamos amar. Nuestros sentimientos, pensamientos y emociones con respecto a alguien, así como el tipo de conexión que tenemos con él o ella, son un reflejo de nuestra relación interna.  Es por eso que, cuando mantenemos vínculos sanos con los otros, puedo reconciliarme con el amor.

Ese otro “yo” que encuentras en tu camino tiene un propósito. Viene a reforzar tus talentos y bendiciones, sea sacando lo mejor de ti o tu lado sombrío de desconfianza, discordia o soberbia. Lo importante es que ese otro yo me brinda la oportunidad de aprender una lección necesaria para reconciliarme con el amor: aceptación, perdón, paciencia, comprensión y más.

Conectar con los otros es conectar con Dios

El Dr. Wayne Dyer afirma que, en su propio crecimiento, llegó a concluir que es imposible estar conscientes de nuestra conexión con la Fuente, con Dios, con el Universo, si no somos capaces de ver y honrar esas misma esencia en los otros. Afirma que:

“Tu potencial de amor aumenta cuando empiezas a ver la perfección en todas las relaciones y honras esa esencia divina en cada una de las personas”.

Diríamos entonces que cada encuentro es sagrado, que todas las personas son importantes, pues son nuestro reflejo, que todo lo que nos molesta o resentimos de alguien debemos sanarlo primero dentro de nosotros y que en las relaciones más íntimas podemos crecer creando vínculos más satisfactorios y felices. Encontrarme con los demás es lo que me permite reconciliarme con el amor. 

La importancia de prestar atención

Nuestras relaciones nos regalan la posibilidad de experimentar la verdadera reconciliación con el amor, por lo que siempre invito a mis pacientes a valorar cada encuentro que tengan con alguien, cada alma que llega a sus vidas. En mis clases de Un Curso de Milagros resalto siempre la importancia de observar nuestras relaciones interpersonales, porque cada una de ellas habla de nosotros mismos. 

Una de las prácticas que tengo desde hace muchos años y que me ayudó a reconciliarme con el amor es la de ver la inocencia de las personas, e incitar a los demás a hacer lo mismo. Más allá de las acciones o actitudes que percibimos del otro, hay un Espíritu divino y perfecto, hay luz y belleza en esencia, hay amor en su estado más puro y brillante, y es así incluso en quien menos creemos que puede despertar amor en nosotros. 

Cuando estamos atentos a este espejo que las relaciones nos ofrecen, podemos observarnos. A través de él tenemos la capacidad de encontrar lo que nos une a alguien, los sentimientos que despiertan, la sensación de confianza o camaradería. Lo mismo si sentimos rechazo, incompetencia, incomodidad. No es relevante la emoción que aflora, sino cómo vamos a reconocerla y transformarla en algo positivo para nosotros.

Soy parte de un todo

Si me reconcilio con los demás, logro reconciliarme con el amor. Mi relación conmigo mejora, porque estoy en la posición de verme claramente. En el instante en el que sanamos una relación o una percepción con respecto a ella, sanamos todas nuestras relaciones porque comenzamos a darnos cuenta que no se trata nada más de nosotros y que esa persona es otro “yo” que está ahí afuera.

Presta atención en tu día a día: cada ser que llega a ti tiene algo que decirte, trae el regalo consigo de que puedas conocerte a ti mismo. Tus familiares y amigos más cercanos, compañeros de trabajo, el mensajero, la recepcionista, tu pareja, tus hijos, todos son parte de ti y, en la medida en la que los veas con los ojos del amor, podrás verte a ti mismo y sanar. Afirma: “hoy empiezo a reconciliarme con el amor”.

 

Los abrazo y los bendigo.

Katherine Andarcia