Muchas veces fantaseamos con cómo será la vida en el cielo, sin saber que vivir en el amor es vivir en el cielo sin dejar la tierra. Quizás te preguntes cómo es esto posible, y la respuesta está siempre en ti: para vivir  el cielo solo necesitas recordar quién eres.

Nuestro propio mundo

Solemos olvidar que somos los hijos amados de Dios, creados a su imagen y semejanza con la misma bondad, la misma belleza, la misma luz que Él. Como el hijo de Dios que eres, puedes crear desde el amor o desde el miedo. Puedes observar tus creaciones cuando recuerdas quién eres: si lo hicieras en este momento, ¿qué encontrarías en tu mundo?

Solamente estar en el mundo es pensar que estás separado de Dios, pero eso no es posible. Las ideas y creencias de este mundo, siempre van a alejarte de saber quién eres, porque las leyes del mundo están basadas en la limitación, la escasez y el miedo, y así es imposible vivir en el cielo que tanto anhelamos. 

Por el contrario, cuando en tu vida comienzas a recordar quien eres y descubres que siempre has estado acompañado, que no hay nada que temer porque tu Padre siempre te sostiene, cuando das permiso para que la luz de Dios toque tu mente y tu corazón, la búsqueda y la lucha cesan.  Empiezas a vivir en el cielo en la tierra.

En ese momento el amor podrá ser una realidad para ti, y esta verdad nadie ni nada puede cambiarla, porque así fuiste creado, como una idea de Dios, y una idea jamás deja su fuente.

Abriendo el espacio en nuestra mente

A la luz del Curso de Milagros, la iluminación no es un cambio en tu mente, sino el reconocimiento de quién eres. Si te detienes a pensar profundamente acerca de ti y te preguntas qué es lo que deseas para ti y para los demás, ¿qué sientes?

Si te respondes que debe haber otra manera de ver las situaciones más allá del dolor, si afirmas que vivir en el cielo es posible en este mismo momento, si comienzas a cuestionar lo que estás experimentando porque sabes que en alguna parte escondida de tu mente hay otra forma de vivir, más feliz y hermosa, y si acudes al Espíritu Santo o a los Ángeles pidiendo claridad, las respuestas y la guía de los milagros comenzarán a operar instantáneamente.

¿Qué hace falta para lograrlo? Abrir el espacio en nuestra mente para pensar de otra manera, para escuchar otras respuestas, y así las ideas descabelladas de culpa, rabia o separación se disolverán.

Recordar el amor que somos

Hay momentos en la vida donde el ego nos habla más alto, más fuerte, nos muestra un mundo de discordia y conflicto. Es allí, en la oscuridad más terrible, cuando la luz se revela con más fuerza, mostrándonos que no hay tal oscuridad sino ausencia de luz. Vivir en el cielo es entender que no hay miedo sino ausencia de amor.

En mis consultas personales, invito a mis pacientes a recordar su realidad divina. Pido a los Ángeles que iluminen su aura y su mente sobre todo en esos espacios donde se han separado de Dios, pido que les envuelvan en su amor ayudándole a recordar y a entender que vivir en el cielo es una posibilidad y no un sueño. Es hermoso el momento en el que puedo ver claramente cómo los Ángeles expanden su brillo y les abrazan, cobijándolos en una sensación de plenitud asombrosa.

Tus creaciones te dan fe del maestro que has elegido seguir en tu vida hasta ahora. Si tu mundo está lleno de amor y compasión, has elegido el maestro del amor como tu sistema de pensamiento, pero si hay dolor y sufrimiento, habrás elegido como maestro al ego y vivir en el cielo se convierte en algo lejano e imposible. En esto no hay medias tintas: o has elegido el amor o has elegido el miedo.

Cuando aprendes a leer los mensajes del cielo y a dejarte guiar por la luz, todo en tu vida se ordena y se alinea con las leyes divinas que trascienden lo físico. Lo milagroso te rodea y, por más oscuro que parezca el camino, es el amor el que reinará. Vivir en el cielo es posible si eliges siempre el amor.

 

Bendiciones angelicales.

Katherine Andarcia